11/12/2019 Revista Brando - Nota - Información General - Pag. 20

Salí a festejar
MARÍA PAULA BANDERA
Restaurantes que se convierten en boliches y bares que invitan a la fiesta, cuatro opciones para despedirel año.

Belushi

EN UNA ÉPOCA EN LA QUE LO multipropósito está en auge de nuevo, un clásico como Belushi se destaca por ofrecer un tres por uno. El primer salón funciona como bar y restaurante; en el del fondo tocan bandas en vivo y después se arma boliche, mientras que en la terraza ofrecen una programación de shows acústicos.
Así, podés armar el mapa de la noche como si fuera un cuento de Elige tu propia aventura: de bailar a tomar un poco de aire fresco en la terraza, de cenar a ver un show en vivo...
La carta es superamplia e incluye clásicos más propuestas de autor (con creaciones de todos los jefes de barra que pasaron por el lugar). Predominan los de perfil dulce, cítrico y poco alcohólicos. Pero quienes gustan de otro estilo solo tienen que acercarse a la barra y charlar con Dai Ferrero, la siempre bien dispuesta jefa de Barra. “La carta apunta a lo que más pide la gente, a los cócteles dulces; pero a mí me gustan los fuertes y secos, por eso cuando me preguntan siempre ofrezco esas alternativas”, cuenta Ferrero.
Uno de esos cócteles secretos es el Negrela, una reversión del Negroni que lleva ron infusionado en canela y ahumado con eucaliptus, Campari, Carpano Bianco y Punt e Mes.
Sin embargo, como era de prever, el cóctel estrella lleva maracuyá, se llama Mango Pasión ($320) y combina Absolut Mango (vodka), jugo de lima, azúcar, jugo de naranja y maracuyá. “Sale toda la noche, el alcohol pasa muy desapercibido y la gente lo ama”, explica la jefa que comanda las tres barras del local.
A la hora de la comida, la carta es bien democrática: pollo, pastas, pizza, pescados, carnes...
El lugar del más pedido se lo disputan dos platos: la bondiola de cerdo BBQ, que se brasea durante cuatro horas y sale con puré de papas con parmesano, puerros y tomates confitados ($550); y el ojo de bife grillé con soufflé de espinacas y papines con rúcula y maní ($550).
Belushi ya cumplió 10 años en la noche porteña, pero tanto la carta como los espacios se renuevan, eso lo mantiene fresco y hace que permanezca como opción a la hora de comer, beber y después quemar las calorías al ritmo de la música.

Recomendados: Negrela (reversión del Negroni) y bondiola de cerdo BBQ.



Tinta

ESTE RESTAURANTE UBICADO EN LOS márgenes de Palermo, a 100 metros de la avenida Niceto Vega, es de esos lugares en los que todo parece encontrar su equilibrio. A nivel ambientación, Instagram está de fiesta: no importa adonde se dirija la mirada, cada rincón es una pequeña escenografía para fotografiar.
Hay tres espacios bien definidos: la planta baja, donde funcionan el restaurante y también una elegante barra; el patio, pensado para quienes buscan aire libre o desean salir a fumar un rato, y el primer piso, también con barra, pero con carta de tapeo.
El bar, como llaman los habitués al salón de arriba, es ideal para ir con amigos, aunque la propuesta también es apta para parejas que buscan una salida con onda.
La carta de comidas es breve, pero no se necesita más cuando hay certeza de que el producto es bueno y se lo maneja de modo acorde. Bajo la asesoría del chef Martín Arrieta y la mirada atenta del chef Sebastián Ferrero, salen platos para el aplauso. Uno es el risotto de espinacas con boloñesa de pulpo y vinagreta de sepia, pura concentración de sabor en un juego de texturas inolvidable.
El pulpo a la parrilla con crema de palta y tartar de palta ($960) es un minimanjar; también hay entradas más accesibles e igualmente ricas, como las mollejas laqueadas con miel de maní ($420).
Las carnes comparten el estrellato: la ternera braseada se deshace antes de llegar a la boca y se complementa de maravillas con el cremoso de zanahorias y endivias marinada con naranja. La tagliata de lomo (que también puede salir con Kobe) es otro acierto.
La carta de cócteles sigue la misma línea: cortita y al pie. Creada por el bartender Ramiro Ferreri, ofrece siete clásicos -pero a no desesperar, también preparan fuera de carta- y otros 13 de autor.
Uno de los favoritos es el liviano y fresco Sweet Cooler, lleva vino blanco, naranja, maracuyá y soda. El ranking de pedidos lo encabeza el Tinta, también de perfil dulce (con maracuyá y frambuesas), pero balanceado por lo cítrico de la lima y lo neutro del vodka.
Atención a estos días: los miércoles, jueves y sábados, diferentes DJ amenizan las veladas y le dan un marco más “fiestero” al ambiente.

Recomendados: Sweet Cooler (a base de vino blanco) y pulpo a la parrilla con crema de palta.



Bagatelle

ERA CONOCIDO O, AL MENOS, UN nombre familiar para quienes habían viajado en plan diversión a ciudades como Punta del Este, Miami, Ibiza y Dubái. Hasta que, a fines del año pasado, este bistró francés desembarcó en Buenos Aires. En breve, se convirtió en esos lugares a los que se va para ser visto, pero no por cualquiera, sino solo por aquellos que tienen la billetera suficiente para franquear la entrada.
Hasta la medianoche es un restaurante tradicional, pero, como si se tratase de la víspera de Año Nuevo, a medida que las agujas avanzan hacia la mitad del cuadrante superior, hay amagues de fiesta: suena un tema que hace sacudir servilletas y luego todo vuelve a la calma. Después pasa un camarero agitando la cabeza durante unos segundos y sigue con su marcha habitual. A la medianoche pierde la insinuación y gana lo concreto: se arma el baile.
Los camareros tienen mucho que ver con el tema, y a su función clásica suman la de performers: se suben uno a caballito del otro mientras se abren paso entre el público; se disfrazan (de los personajes de La casa de papel hasta de astronautas), bailan sobre las sillas... Todo el staff parece salido de un casting de Pancho Dotto.
En materia de comensales, manda la heterogeneidad etaria. Vale aclarar que aquí no existe el recambio de mesa, se reserva para cenar y vivir el plan completo. Y el que no quiere bailar que huya cual Cenicienta antes de que el reloj marque las 12. La otra opción para los que prefieren ser testigos del baile sin mover los piecitos es reservar una de las mesas que rodean la barra, separada de la pista.
El chef Sebastián Carci se encarga de la cocina y lo que hace es tan bueno que dan ganas de ir, por más que no haya intención siquiera de escuchar música: la gastronomía por sí sola amerita una visita. Y aquel que quiera lujo acá lo tiene. Hay caviar ($6600 los 50 g o $1400 los 100 g), champaña, vinos importados, entre otras delicias.
La carta de cócteles está muy bien desarrollada por Ramiro Locaso. Amantes de lo cítrico y refrescante pidan, por favor, el “Don’t cali me Tom Collins” (gin, cordial verde, almíbar verde, lima y soda de saúco).
Además, ofrecen ocho gin tonics con sus respectivos perfect serve (garnish aconsejado para cada gin).

Recomendados: Dorit call me Tom Collins (gin, cordial verde, almíbar, lima y soda de saúco).



Enero

EN PLENA COSTANERA, UNA ZONA QUE estaba venida abajo, salvo por las discotecas que nunca abandonaron esos pagos, Enero renovó los aires gastronómicos.
Se trata de un lugar gigante en el que conviven un salón, un espacio con mesas al aire libre y un deck de 350 m2 donde funciona Aguaviva, el bar de este restaurante. Allí tocan DJ y se pone tanto para el after como en la postcena.
La carta de cócteles, que está disponible en todo el local, lleva la firma del reconocido Seba Atienza y la correcta ejecución del jefe de Barra Nicolás Lamborizzio. Tal como marca la tendencia actual, tienen una selección de clásicos (desde Oíd Fashioned hasta Margarita) más cócteles de autor.
El bar ofrece, también, una propuesta de tragos más cercana a la de los boliches, ya que dan la posibilidad de combinar 2 litros de jugo, 4 latas de gaseosa y 3 latas de bebida energizante con una botella de whisky, vodka, ron, espumante o gin: una variante ideal para compartir entre varios amigos. Además, el gasto es regulable, ya que el rango de precios es bien amplio según la etiqueta elegida (va de $1400 por un Chandon Extra Brut a $14.000 por un Johnnie Walker Gold Reserve 18 años).
Tanto en el salón principal como en el bar, la carta de comidas es la misma y ofrece platos sabrosos, sin complicaciones y aptos para todos los paladares, desde pizzas y hamburguesas hasta carnes, pastas y pescados.
Si el espíritu es copar la mesa de platos y picotear, lo ideal es ir por las entradas, en especial el “medio metro de bruschetta” ($380) que trae un mix. Otro clásico que no falla: los langostinos jumbo ($380).
La ambientación cumple el objetivo de trasladar a los comensales a una especie de selva tropical, que hace las delicias de los instagramers. Otro acierto pasa por la comodidad del lugar: las mesas tienen buena separación, cuentan con boxes para seis comensales y también una mesa semiprivada -ya que está apartada, pero no aislada del salón- con capacidad para 12 personas.
Este bar restaurante lleva la firma del reconocido Quique Yafuso, el chef autor de hits como Fu-King Bar, El Quinto y el supercodiciado Tintorería Yafuso. Ese dato termina de delinear un paquete que no puede fallar.

Recomendados: medio metro de bruschetta y langostinos jumbo.



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